Justicia Penal Juvenil y la suerte del Estado provincial

Locales 15 de mayo de 2020 Por mantra
“La suerte de encontrarte alguna vez y sentir que para todo hay solución”. La Administración Pública debería parafrasear las sentidas letras de Don Osvaldo cada vez que, ante la invisibilidad de políticas que germinen en el seno del Estado provincial, encuentra salteños que toman su lugar, aceptan colosos desafíos, atienden por sí solos las demandas de sus compatriotas y adoptan un sentido de pertenencia, no con el Estado, sino con los necesitados que este posterga.
MINISTRO
Foto: prensa gobernación

“La suerte de encontrarte” se puso de manifiesto una vez más -aunque la providencia comienza a escasear- luego de un expedito análisis de la visita del Ministro de Seguridad Juan Manuel Pulleiro al Instituto Dr. David Michel Torino, ubicado en la ciudad de Cerrillos, donde los adolescentes infractores a la ley penal reciben una asistencia especial de parte de la Dirección de Justicia Penal Juvenil que persiguen un único objetivo: la reinserción social de aquellos menores de edad.

Sobre aquella visita célebre, Prensa del Gobierno de Salta, en el sitio web oficial, solo hizo alusión a las autoridades que recibieron al ministro y pasó por alto la oportunidad de promover la labor que lleva adelante uno de los organismos más importantes en materia social.

Es por ello por lo que, al llamarnos la atención que ante la visita ministerial se omita un análisis más profundo en materia penal juvenil, advertimos la distancia que el gobierno toma de aquellas instituciones que atienden un estrato social específico y trabajan estrechamente con los sectores más vulnerables, y las deja libradas a la surte de quienes las presiden. Demasiado al azar.

Atento a ello y la creciente delincuencia de menores de edad, La Página de Salta indagó sobre esta arista del Estado provincial a fin de conocer su labor en el plano local y la estrategia o proyectos para una posible merma de infracciones cometidas por menores y sus reinserciones a la sociedad.

Puestos en esa empresa, el equipo de este diario pudo conocer, casi sin esfuerzos, el desolado panorama en el que se encuentra la Dirección de Justicia Penal Juvenil, cartera a cargo de la abogada Gabriela Lorena Quinteros, donde advertimos “la suerte de encontrarte” que rezar la administración.

La institución que dirige Quinteros sufrió un revés en sus proyectos más acordes y en consonancia a las políticas de derechos humanos, casi antagónicas a la estrategia de un ministerio de seguridad que enfoca sus metas en tópicos ubicados a otros extremos. El nuevo régimen desairó la trascendencia institucional y su jerarquía depreció desde “dirección general” hacia la esfera de “dirección”. Si bien esto podría resultan un detalle menor, puesto que no debería hacer mella en la asistencia social, expone la política radical que apunta en dirección contraria a los esfuerzos de ese organismo dedicado a la asistencia de los adolescentes y sus inconductas.

Sin embargo, y más allá del escenario nada auspicioso, al parecer, Quinteros se las ha sabido arreglar bastante bien y lleva adelante una innovación de sus centros de menores con miras a otra alternativa para los adolescentes que en aquellos establecimientos se alojan. Uno de los méritos que acumula es la apertura del instituto que visitó el ministro Pulleiro, con la permanente inspección de la jueza de menores Silvia del Valle Bustos Rallé, única institución que le allanó los caminos y que antiguamente trabaja muy próxima a los jóvenes.

Aquí, nuestra provincia, prolífica en salteños altruistas, con la suerte de su lado, acertó y encontró en la directora Quinteros una funcionaria estoica en un ambiente contaminado de dádivas políticas que distan del bien común y que, contrario a ello, en el desempeño de sus tareas, la abogada cultiva y practica virtudes que trasmite a sus trabajadores y promueve valores casi en desuso, traspasando fronteras otrora infranqueables para el Estado, todo con un único fin: la reinserción social de los adolescentes infractores.

Desde una mirada cenital, pudimos observar que en la tarea social que el Estado debe atender, pero termina soslayando, Gabriela Quinteros, en una especia de quimera inalcanzable reinventó sus funciones a equilibrista y adopta medidas malabáricas a fin de continuar la asistencia social que emprendió: trastocó los equipos técnicos de profesionales para que resulten más eficientes, movió piezas en las distintas jefaturas a fin de desterrar la oligarquía, dispuso mejores medidas para que las estadísticas sean el disparador de transparencia y rendición de cuentas, mejoró la administración con nuevas regulaciones internas, fiscaliza de manera cercana el funcionamiento de todos los establecimientos donde se alojan los adolescentes, mejoró la calidad de vida de estos últimos y construyó puentes que acerquen los demás organismos para la asistencia de los menores infractores; es decir, entre lo que pudimos comprobar, llegó a las entrañas de las instituciones penales juveniles y les dio aires renovados.

Si bien es cierto que el equipo de La Página de Salta se sorprendió por la desatención del Estado provincial en materia penal juvenil y la indiferencia de las instancias superiores para con la Dirección de los centros de detenciones juveniles, gratamente encontró una funcionaria que trabaja con denuedo y reemplazó la ausencia estatal por inventivas, persistencia en el sorteo de obstáculos internos y externos y se desempeña espoliada por esa vocación de servicio que debería ser requisito ineludible para el arribo de todo salteño a la Administración Pública.

El gobierno provincial puede descansar en la suerte que tuvo esta vez, pero debería evitar esa práctica de dejar el éxito de sus organizaciones en la fortuna de dar con un salteño desprendido de intereses y motivado por sus propios valores y principios. Claro está, no siempre la Administración Pública tendrá la complicidad del azar que cruzó los caminos de la provincia y el de Gabriela Quinteros, y por qué no también el de los adolescentes que necesitan se les muestre que tienen una segunda oportunidad. En todo caso, lo mejor sería que acompañe aquellos trabajos lo más cerca posible y dote a las instituciones de recursos imprescindibles.

Aún queda mucho más por conocer sobre el espacio de Justicia Penal Juvenil, pero encontramos la punta del hilo de dónde tirar. Y, si bien hasta ahora resultó difícil comunicarnos con la directora, intentaremos nuevamente ponernos en contacto a la espera de que la suerte que tuvo la Administración Pública para dar con la Dra. Gabriel Quinteros, también esté de nuestro lado.

Redacción La Pagina